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LA ILUMINACIÓN
Queridos amigos:
Hace días le pedí a Maribel y a Isabel que hiciéramos algo juntos, “al alimón”, sobre el tema de la Iluminación. Lo bonito habría sido sentarnos juntos, tomarnos un cafetito y algún trozo de coca, charlar amable y tranquilamente y esbozar algo que pudiera resultar no sólo interesante, sino también estimulante para quien lo leyera, de tal modo que le provocara escribir su opinión o su modo de ver, entender o sentir las cosas. La distancia entre Zaragoza y Barcelona hicieron imposible ese café y esa coca; el teléfono no sostiene una conversación así, porque la calidez del contacto se enfría a lo largo del hilo telefónico. Por eso, nos intercambiamos nuestros escritos y lo que aquí aparece como una especie de diálogo (o tri-álogo), no es más que el artificio de mezclar tres textos al mismo tiempo. No es un texto que podamos llamar “natural” y sin embargo, creo que detrás de cada palabra subyace algo común en nosotros y en nuestra forma de ver el mundo. No me atrevería a definir –por miedo a decir alguna tontería más de las que en general digo- ese sentir subyacente, pero sí que he de decir que creo que alimenta lo mejor de nosotros mismos.
Con cariño para todos
Andrés
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ANDRÉS:
Retomando algunas ideas del texto anterior (“La Noche Oscura”, http://rincondelacalma.blogspot.com/2009/10/la-noche-oscura.html), parto de la siguiente pregunta que quedó en el aire en los comentarios: Esa pregunta que lancé al aire quedó enganchada en mi única neurona varios días hasta que fui a mis fuentes e indagué. Hace años se publicaron un buen montón de libros del maestro zen Taisen Deshimaru, entre ellos uno titulado “Preguntas a un maestro zen”. En él aparece una serie de preguntas sobre la iluminación o “satori”, como lo llaman en japonés. Reproduzco alguna de ellas porque no tienen desperdicio (aunque me permito expurgar algunas líneas para ir a lo esencial):
- ¿Puede hablarnos del satori?
- […] El satori es la vuelta a la condición normal, original. Es la conciencia del niño. Cristo dijo lo mismo: hay que volver a la verdadera condición normal, original, sin karma, sin complicaciones. Contrariamente a lo que piensan algunos, no se trata de una condición especial, particular, sino de la vuelta a las condiciones originales. La práctica del zazen nos tranquiliza. La conciencia del satori puede ser encontrada a través del cuerpo.
- ¿Es difícil obtener el satori?
- No. Satori es el estado normal. El zazen ayuda. Continuamente reiniciáis la práctica, así es fácil.
- Isabel: no es difícil sentir el satori, aunque depende del carácter de cada cual, hay que entregarse al gozo, a la belleza, y arrobarse de encantamiento natural, puro y dulce, en mí es así; las diversas técnicas corporales, respiratorias, suavizan las ataduras de la mente que lo detienen, pero para mí la clave está en el corazón que goza…con lo más simple y sencillo, y se ENTREGA; eso es orar y ahí está Dios.
- Usted dice que el satori es inconsciente y que no podemos darnos cuenta de que lo poseemos. ¿Podemos darnos cuenta de que no tenemos el satori?
- Si alguien dice tengo el satori es que está loco. […] El satori es ilimitado. Es la consciencia cósmica. No se puede saber lo que es. La sabiduría total es el verdadero satori. […] En el zen no hay grados, no hay escalones. Hacer zazen aquí y ahora es tener el satori verdadero. […] Pero ¿qué es el satori? Simplemente la verdad, comprender el sistema cósmico, la verdad cósmica. Solamente cuando se ha abandonado todo, se manifiesta la armonía con el sistema cósmico. […] …el zazen nos permite ver nuestros errores. Comprender y aplicar lo que se ha comprendido es el satori. Es algo pequeño y al mismo tiempo es grande. Comprender objetivamente no es lo mismo que comprender subjetivamente.
MARIBEL:
Hay que volverse como un niño inocente y humilde y entonces Jesús exclama “! Gracias padre que has revelado estas cosas a los sencillos y humildes de corazón…! Para mí la más gran iluminación es comprender a Jesús como el Hijo de Dios, segunda Persona de la Trinidad.
Isabel : comprender que somos naturaleza, una porción más de todo lo vivo, nos da humildad y sabiduría, pues de un lado nos marca el límite y nos centra, nos impulsa a colaborar de forma responsable, creativa, con arte, y de otro lado nos hace ser conscientes de la diferencia: lo humano es amoroso, somos amor, a “imagen y semejanza” de Dios, y esto te tranquiliza, te da paz, te hace sentir como un niño, y olvidado de las pre-ocupaciones de la mente entregarte AQUÍ Y AHORA a tu “dulce monotonía” de cada día; para mí eso es el Satori, ese estar en manos de la vida, de Dios, sin más.
ANDRÉS:
Abusando nuevamente de vuestra paciencia, permitidme que transcriba un texto sobre uno de los padres del desierto, Serafín de Sarov:
“Un día, durante la solemne liturgia del Jueves Santo, después de haber bendecido a la asistencia y pronunciado las palabras:”Y por los siglos de los siglos”, en lugar de retirarse, como lo exigía el desarrollo del oficio, el padre Serafín permaneció fijo en su lugar, inmóvil, ausente de todo. Comprendiendo que le había pasado algo insólito, dos jerodiáconos lo tomaron de los brazos y lo condujeron detrás del altar. Su inmovilidad duró tres horas. “Estaba deslumbrado como por un rayo de sol, -explicó a su confesor y al padre Pacomio-. Volviendo los ojos hacia esa luz vi a Nuestro Señor y Dios, Jesucristo, con el aspecto del Hijo del Hombre en su Gloria, brillando con una luz inefable y rodeado por los ejércitos celestiales: ángeles, arcángeles, querubines y serafines. Viniendo de la puerta oeste, caminando en los aires, Él bendijo a los celebrantes y a los asistentes. Luego, entrando en su icono cerca de la puerta real, Él cambió de aspecto, siempre rodeado por las órdenes celestiales que con su brillo iluminaban toda la iglesia. En cuanto a mí, tierra y ceniza, fui objeto de una bendición especial”.
Pues bien, llegados a este punto, repito mi pregunta: “¿Qué experiencia DIVINA tiene un maestro zen? ¿o un taoísta practicante? ¿o alguien a quien no se le suponen vínculos con la divinidad o con la religión?”
Respuesta obvia: Ninguna.
Tal y como podemos extraer del texto de Deshimaru, la divinidad nos envuelve, todo está en nosotros y es nuestra conciencia la que nos sintoniza con la conciencia universal. ¿Cómo? Simplemente por el hecho de sentarnos a practicar zazen (o fresquito calorcito). ¿Qué es pues la iluminación? Simplemente lo que tantas veces Peter ha repetido (o al menos yo he venido oyendo a lo largo de estos años): Iluminación es “ver claro” y, a medida que se practica la respiración, la claridad va aumentando junto con la tranquilidad.
MARIBEL:
La palabra iluminación es más bien una palabra oriental, iluminación es ver las cosas claras. La persona empieza a vivir una vida nueva y ya no solo cree sino que experimenta.
Hemos hablado de la noche oscura, noche que para los santos es la que precede a la iluminación.
La noche oscura no existe, todo es LUZ. Jesús nos dijo “Vosotros sois la luz y la sal del mundo…..” pero la mente cuando esta llena de miedos, culpabilidades, angustias, odios, rencores, los “demonios” que la invaden, no deja que haya luz.
Isabel : somos luz, nacemos iluminados, amorosos niños en brazos de la vida; luego las sombras (la mayoría mentales) la tapan; es normal, en la naturaleza hay luz y sombra. Pero Jesús nos dio las pistas para llegar a ser de nuevo esencia iluminada… a través de la Cruz. A partir de ahí cada uno ha de saber su camino…
Creo que “ver claro” es SENTIR desde el corazón, no es algo de la mente que se aclare, no son conceptos nuevos, más claros que antes, sino una RENDICIÓN al saberte toda con todo, un cachito más, parte indivisible del Amor. Claro que como consecuencia piensas luego diferente, más ancho, más abierto, más en paz, más amorosamente, más VIVA LA PEPA.
ANDRÉS:
Y nos queda la última pregunta no formulada aún: ¿Qué es la experiencia mística?
Creo que aquí hay algo muy importante que destacar: no hay experiencia mística sin religión. No hay experiencia mística sin fe. No hay experiencia mística sin práctica.
MARIBEL:
La iluminación llega sacando capas de todas lo negativo y, poco a poco, nuestro corazón se abre al Amor incondicional. Entonces es cuando viene la experiencia de transcendencia, es el Tabor y, como en el Tabor, puede ser un instante, fugaz, verdadero, pero un instante grande en que pierdes el YO.
Todo es Gracia, ya no te encuentras sola, no necesitas más que lo necesario, es para mí, llegar a “la santa indiferencia”. Indiferencia sirviendo, amando, acogiendo, compartiendo, hacerlo todo DE VERDAD.
Isabel: los místicos de cada religión le pusieron nombre a su experiencia, pero creo que la unión con Dios se vive más allá de una fe concreta, sólo que no se le nombra como tal, no hay esa consciencia de Dios, una pena…, pero se tienen experiencias místicas sin darles ese nombre relacionado con la fe. La misma belleza, el gozo, te llevan al sentimiento de unión con todo, más allá de tu cuerpo, frenada totalmente la mente, y para mí eso es místico, uno con la esencia del ser, uno con Dios; y es que la esencia de cualquier ser humano es divina.
ANDRÉS:
Nadie de los maestros orientales, ni hinduistas, ni yoguis, ni zen, ni taoístas, ni budistas, (que al menos yo conozca o tenga noticia fiable), ha tenido “experiencia de Dios”. Todos han experimentado la iluminación, la presencia de la verdad que subyace a las cosas, la claridad de la visión y de la misión. Pero nadie ha experimentado –repito- la experiencia de Dios.
Sin embargo, los místicos cristianos (católicos u ortodoxos) y musulmanes no han parado de tener visiones celestiales o de contactos con el Amado (San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Rumi, Ibn Arabí, etc..). ¿Efecto de la mente o realidad palpable? No sé cuál será vuestra opinión, pero me resultaría muy extraño que los maestros orientales, de donde provienen todas las distintas técnicas de la meditación y de la oración se hayan equivocado al transmitirnos sus experiencias. De verdad, me resultaría muy raro. Pero ¿entonces los místicos se equivocan? No sé por qué pero me atrevería a afirmar que esta Conciencia Universal, la Verdad, está detrás de todas las cosas y cuando accedemos a esa visión de la realidad que nos subyace, a veces vemos lo que CREEMOS y, de algún modo, adobamos esta visión con nuestros deseos y expectativas, con nuestros anhelos y nuestra creencia. Curiosamente recuerdo perfectamente a Peter decir a uno de los taichistas –hace ya un buen montón de años-: “Crea lo que quiera, lo que quiera… pero crea en algo”.
MARIBEL:
Entre mis experiencias hay dos que marcaron mi vida: Una fue al poco tiempo de iniciar las respiración del fresquito-calorcito, al comprender lo que explica Peter del “SOY VIVO” y la que más me ha marcado es cuando comprendí a Jesús como Hijo de Dios , El Mesías, El Señor. No fue desde la cabeza, sino como un golpe fuerte en mi corazón.
Yo no creo que las visiones sean iluminación, es verdad que hay personas y santos videntes, San Juan Evangelista, santa Faustina Kowalska y otros, pero eso es un don de Dios para cumplir la misión. Tampoco los sentimientos son iluminación ni experiencias místicas. Se experimenta con todo el cuerpo, con los cinco sentidos, mas hay que saber distinguir.
María, la Madre de Dios, es la primera persona en toda la humanidad que tuvo su experiencia de Dios, Ella es el primer tabernáculo de Dios, es la primera Custodia que llevó el Cuerpo de Cristo.
A todos en algún momentos Dios nos revela su Sabiduría, mas hay que escucharla, hay que estar presente, sacar todo lo “mentalista”.
Isabel: A mí me electrizó a los 17 años una frase del Evangelio: “el que tenga oídos para oír…que oiga”, y desde entonces me pongo a oír quitando mi sordera mental, jeje, y veo cuánta belleza hay en el mundo y ella me lleva a experimentar a Dios, a arrobarme y sentirlo, Dios es experiencia, la belleza del corazón humano es divina y ¿quién no experimenta desde su corazón?, toda experiencia amorosa es Dios. La cultura oriental no hablará en esos términos, pero eso no quita que la misma iluminación lo sea, aunque ellos no lo definan así; en el fondo da lo mismo, lo esencial es amar y eso es Dios, experiencia de Dios.
ANDRÉS:
Por otra parte, me gustaría expresar aquí algo que muchas veces olvidamos cuando, al practicar, corremos en busca de la meta olvidando lo más importante de todo: el Camino.
Creo que hay unas condiciones básicas (muy básicas, ya que seguro que Peter encontraría muchas más y seguro que anularía éstas con gran precisión) para que nuestra práctica sea fructífera, aunque no necesariamente más corta. Estas condiciones son tres: PERDÓN, LIBERTAD y TRANQUILIDAD.
Creo también que ellas mismas son pasos en nuestra escalera, no podemos de una zancada superar una para apoyarnos en la otra.
Del PERDÓN se pueden escribir –la prueba es que se han escrito- libros enteros, repasándolo desde todos los puntos de vista posibles. Hay algo evidente, es necesario como punto de partida. Necesitamos pedirnos perdón por no ser como imaginamos, como deseamos, como nos gustaría ser. Necesitamos pedirnos perdón por aquello que hicimos y que nos dejó esa huella dolorosa que aún hoy arrastramos. Necesitamos pedirnos perdón por no haber perdonado aquello que nos hicieron y que aún hoy no podemos olvidar. Necesitamos perdonar y sentirnos perdonados. Pero lo más importante es que ese perdón lo necesitamos para sentarnos bien a hacer fresquito calorcito, lo necesitamos para sentir el aire, lo necesitamos para sentirnos firmes, lo necesitamos para aguantar los embates de la cabeza que cada día, cada hora, cada minuto, cada instante se fija en alguna de nuestras debilidades o fijaciones. En ese perdón reside el punto de partida, el punto fijo desde el que empezar a limpiar. Curiosamente, pidas perdón o no, perdones o no, el fresquito calorcito va a provocar tu reacción y no habrá fantasma que quede sin explorar ni acción sin verificar ni repasar.
Me recuerda a veces esa técnica que Mantak Chia apodaba “la sonrisa interior”. La concebía como sonreír a cada uno de nuestros órganos, a nosotros mismos, a cada parte de nuestro organismo y en esa sonrisa encontrar el desbloqueo, el sosiego y la relajación. Puedo afirmar que ya puedes sonreír todo cuanto quieras que, si no hay perdón, más que una sonrisa encontraremos una mueca.
MARIBEL:
El tema del perdón creo es muy importante para vivir con tranquilidad, de ahí la importancia de la confesión, te quedas tranquila y no pagas ni un céntimo. Se pide perdón por ofender primero a Dios, Él es el que perdona y lo más difícil es perdonarse a uno mismo. En el retiro que fui con el padre Ghislain trabajamos mucho el perdón, incluso hicimos una Misa que duro dos horas para pedir perdón por nuestros antepasados y pedir también a ellos. Fue muy emocionante para todos. Hay personas que arrastran traumas de sus progenitores y de su infancia y con el perdón se limpian o purifican.
Santa Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia, tuvo la misión de difundir al mundo entero la Misericordia de Jesús, solo tenemos que creerlo de verdad y todos los miedos e inseguridades desaparecen y la confianza y la paz llena nuestro corazón.
ISABEL: la misma tranquilidad lleva el perdón u olvido de las penas mentales, porque en el fondo estamos más que perdonados, Redimidos por Cristo, “ahí es na”; otra cosa es comprender que lo humano conlleva sus fallillos…y tenernos paciencia unos a otros, pero seguir adelante, en paz, contentos, porque más que nada, Dios nos ama, y eso es lo importante.
Por lo tanto, para mí primero la tranquilidad, luego la alegría y al final la libertad, más bien así.
ANDRÉS:
De la LIBERTAD aún tengo menos que decir, porque Peter ya lo ha dicho todo, por activa y por pasiva en todos estos años que lo conocemos. Recuerdo los primeros tiempos en que repetía sin cesar: “Libertad es aquí y ahora, sin límite de posibilidades. Si hay límite, entonces no hay libertad”. Creo que el perdón nos da la libertad necesaria para acometer el difícil y noble proceso de ser lo que somos en realidad, de ser lo que necesitamos ser, de ser lo que nuestra misión nos exige que seamos. Por eso, cuando pasamos por el perdón, nos sentimos mucho más libres y más humanos; más comprensivos y más cercanos; más suaves y más delicados. Y a partir de ahí somos más sensibles a nuestras propias necesidades y a nuestros objetivos vitales.
Finalmente la TRANQUILIDAD. Curioso que la ponga al final de todas, cuando Peter se “obstina” en ponerla casi siempre delante. Creo que la tranquilidad proviene de un corazón libre, que no guarda nada en su interior, que sólo busca su camino diario y su cotidiano discurrir. Y es desde esa tranquilidad desde la que disfrutamos del camino, del momento, del instante sin pensar en la meta, en el objetivo y practicamos, practicamos, practicamos el cotidiano fluir de la vida y de las criaturas, sabiéndonos parte de ellas y sabiéndonos obra divina.
MARIBEL:
La Paz de nuestro corazón es el fruto mas preciado, pero no dura siempre ¡cuántas veces estoy tan contenta de esta Paz, que luego viene cualquier circunstancia y la Paz se va!, mas vuelve, vuelve una y otra vez, porque he aprendido a levantarme cada vez que me caigo y seguir, que es una tarea continua mientras estemos en la tierra.”La paciencia todo lo alcanza” También creo que no desear nada es lo más bello, es felicidad. Abandonarse a la voluntad de Dios en cuerpo y alma. Andrés tiene razón, no hay que desear la iluminación ni tener experiencias místicas, estar presente VIVIENDO Y CAMINANDO DE VERDAD.
ANDRÉS:
¿Y la ILUMINACIÓN? ¿Y la EXPERIENCIA DIVINA? No sé a vosotros pero a mí, después de todo cuanto hemos escrito, parece que me importa bastante menos…
Maribel Bayona, Isabel Moreno (Barcelona) y Andrés Guerrero (Zaragoza)
noviembre de 2009