Foto Retro: Convivencia en Las Caldas de Besaya (Cantabria). Años 1988, 89, 90 ó 91
El pasado sábado día 17 de marzo, nos reunimos, durante unas horas por la mañana en las Escuelas del pueblo de Setién, un representativo grupo de la gente de Cantabria que seguimos, en mayor o menor grado, las enseñanzas de Peter, desde que éste viniera por primera vez por estas tierras hace ya unos 25 años (y algunos de nosotros ya desde antes de esas fechas). Éramos 13 personas, 11 de aquí y dos venidas de Vizcaya. El objetivo de este encuentro era juntarnos unos cuantos de los que practicamos en la zona el Tai-Chi aprendido de Peter -los que estamos en los diversos grupos y algún otro que lo hace por libre- para hacer una mini-convivencia del estilo de las que hacemos siempre con él, siguiendo también su recomendación de "unir los grupos", cosa que él mismo tanto nos ha animado siempre a hacer, especialmente en los últimos tiempos. El programa u orden del día que nos marcamos (y que cumplimos bastante bien) fue -además de encontrarnos y reencontrarnos y charlar- hacer calentamiento, un rato de la tabla del tai-chi, el fresquito-calorcito y, después, una tertulia sobre un tema representativo de la unión de taoísmo y cristianismo, que es la base de nuestra escuela taichiísta.
Ya otras veces en el pasado, durante todos estos años, nos habíamos reunido en alguna ocasión puntual los taichiístas de la zona (para hacer tai-chi, para celebrar el Año chino, para homenajear a la difunta Margarita...), pero esta vez, aparte de vernos y hacer tai-chi, la idea era reproducir, como se ha dicho, el contenido y el estilo de las convivencias con Peter, sobre todo añadiendo (porque en otras ocasiones no lo habíamos hecho) la "tertulia", con el fin de hablar de las bases teóricas que sustentan nuestra práctica, y así aunar teoría y práctica, siguiendo, una vez más, las indicaciones de Peter ("el tai-chi sin tertulia es una payasada y la tertulia sin tai-chi una gilipollez") y también las de Karl Marx ("la teoría sin práctica es estéril y la práctica sin teoría es ciega") y seguramente las de bastantes otros más.
El tema elegido esta primera vez para la tertulia, dentro del objetivo marcado de hablar bajo la perspectiva de la unión de taoísmo y cristianismo, fue la relación entre el "wu wei" (traducido generalmente por "no hacer") taoísta y el "hágase tu voluntad" del Padrenuestro cristiano.
Partimos de que el texto básico del taoísmo es el Tao te King y el texto básico del cristianismo es la Biblia, así que llevamos a la reunión una Biblia y varias versiones del Tao te King, quedando allí explícito que todo lo que habláramos del tema elegido tenía que tener como referencia estos dos libros básicos.
La tertulia empezó intentando ver la relación entre el término “Tao” y su concepto o significado y el término “Dios” y su significado, para así poder luego tratar de poner en relación el concepto del “wu wei” propio del Tao y del taoísmo -y que recorre todo el Tao te King- y el contenido y significado de la petición o deseo “hágase tu voluntad”, dirigido al Padre (Dios) en la oración del Padrenuestro cristiano (que podemos leer en el Evangelio de S. Mateo, cap. 6).
Se dijo que, según el diccionario de la Lengua española, Dios es, para la mayoría de las religiones, el “nombre sagrado con el que se designa al supremo Ser, todopoderoso y creador del universo”, es decir, origen o principio de todo lo que existe (esto es lo que también dice de Él la Biblia).
Y, según el Tao te King, el Tao es “una cosa… anterior al Cielo y a la Tierra,…que se la puede considerar el origen del mundo” (cap. XXV); es “el origen primero” (cap. XXIV), “padre de todas las cosas” Cap. XXI), “un principio que es la madre del mundo” (cap. LII), etc.
Así que, según estas definiciones, vimos que Tao y Dios parecen referirse básicamente a cosas o conceptos similares, es decir, a aquel Ser primero o primordial del cual procede todo cuanto existe. En el libro de Carmelo Elorduy, “La gnosis taoísta”, dice el autor, en la página 11, que el carácter chino del “Tao puede ser traducido por Dios, Principio, Logos”, aunque “no es el Dios cristiano; más bien es el Dios-cósmico de los filósofos paganos de Grecia, etc.” (leímos este texto). El carácter chino de Tao también se traduce por “Camino”, “Guía”,… y, curiosamente, Jesús también dijo de sí mismo que él era “el Camino, la Verdad y la Vida”.
Partiendo de aquí, vimos, en primer lugar, cómo, según el cap. XXXVII, “El Tao, por su naturaleza, no actúa (“wu wei”), pero no hay nada que no sea hecho por él” y, según el cap. XLVIII, “por el Tao se disminuye día a día…” y así “se llega a la no acción” y “por la no acción, nada se deja de hacer”. “Por eso, el sabio adopta la actitud de no-hacer y practica una enseñanza sin palabras” (cap. II). Así que, en consecuencia, el que sigue al Tao, el que sigue -podríamos decir- la voluntad del Tao (”padre/madre de todas las cosas”), practica el no-hacer.
También, y ya en el ámbito del cristianismo, el que sigue a Cristo, que es el “camino hacia el Padre” (“Nadie va al Padre sino por mí”; Jn. 14, 6) deja que se haga la voluntad del Padre Dios (“Padre nuestro…, hágase tu voluntad”), como Cristo mismo nos enseñó -a través de la oración del Padrenuestro- que debíamos de hacer y como él mismo hizo poco antes de su muerte, cuando, dirigiéndose al Padre, le pidió aquello de “Padre mío, si es posible, aparta de mí este cáliz, pero no obstante, que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mt., 26, 42).
Estas bases quedaron más o menos sentadas en la tertulia, aunque, al principio nos costaba bastante escucharnos unos a otros y había, además, no pocas reticencias al abordar el tema desde la perspectiva cristiana, pues alguno de los asistentes no se consideraba cristiano, algún otro decía que el taoísmo le podía ir acercando a un cristianismo que muchas veces se nos había transmitido de mala manera por parte de la Iglesia Católica e incluso hubo alguien que quería entrar en las diferencias entre las distintas religiones o las diferentes confesiones cristianas, cosa que nos hubiera sacado demasiado del tema principal que nos ocupaba. Pasado este momento de inicial guirigay, decidimos imponernos cordura y pasamos a leer algunos capítulos del Tao te King donde se habla del “wu wei”. Llevábamos previamente a la reunión referencias de, al menos, 8 capítulos donde sale la cuestión, pero sólo dio tiempo a leer uno o dos de ellos -además del capítulo I, para tener una base sobre lo que Lao Tse entiende por Tao. La lectura de estos capítulos fue un momento muy agradable, por lo bien que lo leyeron las personas que lo hicieron y por la atmósfera que se creó entre todos los que escuchábamos atentamente la lectura. No hay duda de la fuerza que transmiten las palabras del Tao te King.
A continuación, y como ya se había indicado en la convocatoria de la reunión que se iba a hacer, (decir cada uno su idea y hablar de su experiencia personal con respecto al tema), pasamos a dejar un poco aparcadas la teoría y las palabras de otros sobre el asunto y a explicar la idea y la vivencia que cada uno tenía del concepto del “wu wei”. Mezclado entre todo lo que está escrito sobre esta cuestión y lo que le hemos oído a Peter sobre ello, por una parte, y lo que cada uno entendía personalmente, por otra, hubo varias intervenciones para dar la visión particular sobre el tema. Se habló de que estábamos de acuerdo en que “wu wei” para las personas supone “no intervención”, “no interferencia en el curso natural de las cosas”, levantar la pata, posar la pata, pero no meter la pata” (en palabras de Peter), “hacer lo que a uno le toca”, “aceptar lo que nos ha tocado vivir y apechugar con ello, sin deseo ni capricho (aquí se mencionó el título de una película reciente, “El árbol de la vida”, que trata de la aceptación de una desgracia personal para seguir viviendo)”. Y de que, comportándonos así, es como seremos “fieles al Tao (a lo Natural), haciendo como él (´no haciendo nada y no dejando nada sin hacer´): siguiendo lo natural, lo que nos viene, lo que nos toca, como hace una flor, que florece cuando le llega la hora, y no se preocupa de hacerlo antes o después, sino cuando le toca, cuando le llega su hora. Aquí se introdujo la cuña de que todos los seres siguen el curso de la Naturaleza y hacen lo que ella les “manda”, sin intervenir en su curso, pero los seres humanos, al tener libertad de elegir, tenemos también capacidad de comprometernos (por ejemplo, con una familia, con un proyecto, etc.) y que entonces tenemos que cumplir con ese compromiso y aquí ya no es tan sencillo comportarse como una flor; en esto se dijo que uno se puede comprometer, pero no obligado, sino desde su propia vivencia, desde su libertad, y que, una vez comprometido de esta manera con algo, hay que asumir ese compromiso y seguir con él, aceptando lo que venga.
También se dijo que, muchas veces, en nuestra vida cotidiana, hablamos demasiado para tapar el hueco de no poder “estar sin hacer nada” y no escuchamos a “lo natural” (los monos, en vez de “charlar”, se quitan los piojos), y de que esto de hablar demasiado se da con bastante frecuencia en la enseñanza, donde, muchas veces, es mejor educar sin hablar tanto, enseñar a los alumnos -a tener una actitud adecuada- más a través de nuestra actitud que de nuestras palabras (aquí se mencionó que había un buen libro sobre esta cuestión, titulado algo así como “Educar con la boca cerrada”). Y otra persona expresó que ella ya había llegado últimamente a la conclusión de que esta “actitud” ante la vida debía reflejarse igualmente incluso a la hora de hacer la tabla del tai-chi, que no es una mera tabla de gimnasia, sino algo más, algo que debe trascender y extenderse a todos los ámbitos de la vida cotidiana (cosa -se recordó- en la que Peter siempre ha insistido mucho: que es más importante la “postura” que la “forma” a la hora de hacer los movimientos del tai-chi).
Y -se dijo también- puesto que todo es uno (Tao), aunque las manifestaciones sean diferentes, es mejor volverse hacia el Tao (hacia el Uno) y hacer como él: “no hacer” nada que no sea necesario y que no “te toque”, “no intervenir interfiriendo el curso natural de las cosas”, pero sí realizar lo que te toque (“aceptar, aprobar, adaptar, conformarse y realizar”, que cantamos en la canción). Porque si hay acción (interesada), también hay reacción y contradicción.
La charla se nos quedó un poco corta, pues ya se nos echó encima la hora y había algunos que tenían obligaciones y cosas que hacer y tenían prisa.
Todos acabamos contentos con el encuentro y, al final, quedamos en repetir estas mini-convivencias cada dos meses, más o menos: nos citamos para vernos de nuevo allá por el mes de mayo y entonces haremos un balance de esta primera convivencia y decidiremos cómo queremos continuar haciendo otras.
Queremos haceros partícipes, a todos los taichiístas, de esta experiencia nuestra y por eso mandamos este resumen al blog de Maribel -que ella tan gentilmente pone a nuestra disposición y que nos sirve para mantener un contacto entre todos nosotros-, donde todos podemos leerlo.
Un saludo desde Santander-Cantabria.
Carlos Sotres
















