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Dibujo de Isabel Moreno |
Inicialmente habla de un general, es decir un hombre preparado para la guerra, la violencia forma parte de su vida, por los motivos que sean él ha llegado a general, y nos dice en este capítulo que no debe ser violento.
Por otra habla del guerrero o soldado, que es el que se vera obligado a utilizar la violencia ante el enemigo y recomienda no ponerse nervioso, que se utilice la serenidad antes que la ansiedad.
Mirando con la perspectiva, es decir, con tiempo ante el desenlace fatal, nos dice que hay que buscar el camino del no enfrentamiento y el camino de la humildad para convencer.
La virtud (DE), es hacer lo contrario, delante de la violencia y la provocación es la no violencia y la humildad.
Conseguir esto es acercarse al Cielo
También veo que en cualquier exceso general, comer, beber, pensar, ver la tele,… hay que frenar, hay que retroceder,... y en el caso de un nuevo camino, etapa, aventura,... hay que ir con la humildad por delante y no vale, el yo ya se, tú no me tienes que decir nada,...o sea prudencia ante orgullo.
Jesús expulsa del Templo a los mercaderes.
Sn. Jn. II, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén, y halló en el templo vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y cambistas sentados. Hizo un azote de cuerdas, y los echó a todos del Templo con las ovejas y los bueyes, tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y dijo a los vendedores de palomas: “Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado”. Sus discípulos se acordaron que está escrito: “El celo de tu casa me devora”.
Entonces los judíos le dijeron: “¿Que señal nos das para obrar así?” Jesús les respondió: “Destruid éste templo y en tres días lo levantaré”. Los judíos le replicaron: Se edificó el templo en cuarenta y seis años, ¿Y tú lo levantarás en tres días?” Más Él hablaba del Templo de su cuerpo.
Por eso, cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos que ya lo había dicho, y creyeron en la Escritura y en la palabra de Jesús.
• El único acto de violencia que el Evangelio presenta en el comportamiento de Jesús sucede en defensa de la dignidad del Templo de Dios.
• Actúa como Mesías, como enviado de Dios, con toda autoridad.
• La Pascua era y es la gran fiesta de los judíos, que les recuerda la noche en que pasaron de la esclavitud a la libertad en Egipto.
Todos visitaban el Templo y ofrecían sacrificios aún los judíos que vivían en el extranjero procuraban llegar al Templo de Jerusalén.
• ¿Por qué se disgustó Jesús? Porque era un escandaloso negocio. Lo que pasaba era que cuando alguien iba a ofrecer un sacrificio Anás Y Caifás y otros sacerdotes exigían que los animales fueran sin mancha alguna, y tenían personal que inspeccionaba que así fuera y cuando los animales no habían sido comprados en el Templo encontraban pretexto para regresarlos y así podían vender sus animales a precios muy elevados.
Eso sin contar con que el Templo es y debe ser un lugar de recogimiento y oración y se había convertido en un lugar ruidoso con los bramidos de los animales y los gritos de los cambistas quienes también se aprovechaban de los extranjeros comprándoles a muy bajo precio sus monedas para negociarlas después.
Jesús se enojó y mucho porque estaban desacralizando la casa de Dios. Cada sitio merece respeto con mayor razón lo que es sagrado.
• Es curioso observar como mientras azota las cuerdas para alejar a los arrieros, a los bueyes y a las ovejas y voltea las mesas de los cambistas, a los que tenían palomas en sus jaulas solamente les pide que las alejen de allí y no emplea violencia porque los pobres animales no podían moverse solos y los hubiera lastimado al voltear las jaulas. Jesús siempre ha sido compasivo y considerado en grado extremo.
• La actitud de Jesús no fue en vano nos enseña ha respetar la Casa de su Padre.
• El celo de tu casa me devora. Los discípulos recordaron esa frase del Salmo 68 que habla del Mesías.
• ¿Qué señal nos das para obrar así? Habían venido muchos falsos Mesías que habían hecho que el pueblo concibiera esperanzas que resultaron falsas. Por eso piden una señal milagrosa que lo acredite como Hijo de Dios.
• Destruid este Templo y en tres días lo levantaré. Jesús sabía que el templo de Jerusalén sería destruido en el año 70 por el general romano Tito pero en esta ocasión hablaba del templo de su cuerpo. Ningún otro templo ha sido destruido tan sistemáticamente como el templo más sagrado que ha existido, el cuerpo de Jesús en su Pasión. La Cúpula, la Cabeza fue destrozada por la corona de espinas y los bofetones. El Atrio, los pies desechos por los clavos igual que las Naves, sus manos.
Las Paredes, su piel destrozada por los golpes y los latigazos. El Altar, su Corazón, atravesado por la lanza. Pero todo ese Templo, el más sagrado del mundo fue reedificado maravillosamente al tercer día, al resucitar Jesús.
• San Pablo también nos aclara que se debe honrar no solo la Casa de Dios cuando dice: “No saben acaso que ustedes son el Templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes Quien destruye el templo de Dios, será destruido por Dios, porque el Templo de Dios es Santo y ustedes son ese Templo.
• Por eso: Respeto y veneración a la casa de Dios en primerísimo lugar, pero también quien maltrata a una persona o la humilla, la calumnia o la desprecia, quien le quita la vida a un ser humano ya sea adulto o en el vientre de su madre, quien le roba la inocencia a un niño, el que viola o en alguna forma atenta contra otro ser humano comete un verdadero sacrilegio porque todos somos templos vivos del Espíritu Santo y recordemos que el única momento de violencia de Jesús que consigna el Evangelio fue cuando no se respetó ni se honró el templo y cada persona que se cruza en nuestro camino es un templo vivo.
http://genesis.uag.mx/edmedia/evangelios/Jesus_expulsa_del_Templo_a_los_mercaderes.htm
Lectura S. Jaime 4,1-3
¿De donde vienen las guerras y las peleas entre vosotros? ¿No vienen precisamente de vuestras pasiones, que combaten en los vuestros miembros? ¿Deseáis y no poseéis? Entonces matáis. ¿Envidiáis y no podéis conseguir? Entonces combatís y hacéis guerra. No poseéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal con la intención de malgastarlo en vuestros placeres.
Hay en este salmo tres elementos fundamentales: un análisis profundo de sus desgracias; un refugiarse incesante, pero alternadamente, en Dios; y las infaltables imprecaciones.
El salmista es un individuo injustamente acusado; está, además, seriamente enfermo, y, para colmo, una cadena de aflicciones de todo color lo aprieta y asfixia. Es la suya una situación desesperante de la que hace una poderosa descripción, lanzando, de entrada, un grito desgarrador: «Sálvame, Dios mío.» Las aguas me llegan al cuello; el río está creciendo y la corriente me arrastra al centro del torbellino; estoy hundiéndome en el barro profundo y no sé dónde apoyar el pie. Tengo rota la garganta de tanto gritar y mis ojos están ya nublados de tanto esperar (vv. 2-4).
La descripción continúa con pinceladas poderosas a lo largo de todos los versículos, alternando con momentos de súplica, llenos de confianza.
Los que me odian sin razón ni motivo son más numerosos que los cabellos de mi cabeza y sus ataques son más duros que mis huesos (v. 5). Mis hermanos me miran como a un extraño, soy como un extranjero en la casa de mi madre. Y todo esto sucede porque el celo de tu Casa me quema como un fuego devorador, y las afrentas que los impíos lanzan contra Ti han caído sobre mí como cuchillos afilados. Cuando, en tu honor, me entrego al ayuno, la sonrisa burlona asoma en seguida a sus caras, y cuando me ven rezar, se sientan a la puerta para dedicarme coplas mordaces mientras no paran de tomar vino (vv. 9-13).
* * * * *
A continuación, a lo largo de 24 versículos, se eleva, ardiente, la súplica del salmista, salpicada de vehementes anatemas contra sus enemigos. La apelación es múltiple, insistente, casi abrumadora, con variadísimos motivos y formas literarias: imploro tu bondad, tu favor, tu fidelidad; sácame de este barro, por favor que no me hunda, líbrame de las aguas profundas, que no me arrastre la corriente, que no me trague el torbellino. Acércate a mí, respóndeme en seguida, rescátame, necesito consolación pero nadie me la proporciona (vv. 14-22).
En los ocho últimos versículos la esperanza levanta, ¡por fin!, la cabeza; el alma, hasta ahora en tinieblas, del salmista comienza a amanecer, y la alegría, como una primavera, cubre de sonrisas sus grutas y praderas. Y, en una reacción final, el salmista, olvidándose de sí, entrega palabras de aliento a los pobres y humildes; y aterriza el salmo con una cosmovisión alentadora de salvación universal.
A pesar de su longitud, el salmo 68 puede proporcionar mucha consolación a las personas envueltas en la tribulación.
SALMOS PARA LA VIDA
Publicaciones Claretianas
Madrid-1986. Págs. 158 s.
http://mercaba.org/DIESDOMINI/T-O/15C/sal-comentario.htm
Jordi Vidal