lunes, abril 03, 2023

Convivencia en el Tibidabo

Marisa y María José nos envían sus reflexiones sobre la última convocatoria en el Tibidabo 


Convivencia Barcelona, del 3 al 9 de marzo 2023


Para celebrar el 9° aniversario del fallecimiento de Peter hemos estado unos días de convivencia en la casa salesiana del Tibidabo en Barcelona. Como tema para las tertulias hemos elegido el capítulo 72 del Tao te King. Nos vino muy bien el comentario que Maribel y Joaquín habían hecho sobre este capítulo en el boletín. El tema es “conocerse a sí mismo”.


Como siempre, se leyeron varias versiones y se hicieron comentarios muy interesantes. Yo me llevé un Tao pequeñito, de traductor anónimo que dice: “Si el pueblo no teme al peligro, le amenaza el peor peligro. No padezcas por tu casa estrecha, no padezcas por tu vida pobre. No permitas la pena y no la sufrirás. El sabio se conoce y no se exhibe. Se ama a sí mismo pero no se aprecia. Deja esto y sigue aquello”. Alguien dijo que era la versión más cristiana, no recuerdo por qué, tal vez porque se dirige al interlocutor de forma individual… A mí no se me había ocurrido pero me gustó el comentario. 


Por otro lado estos días hemos disfrutado del orden del día, las comidas, las infusiones, las canciones, las películas, los juegos, las excursiones, la visita al cementerio, los amaneceres, los atardeceres, la luna llena, la conjunción de Venus y Júpiter… Todo esto unido a los rezos diarios junto a los salesianos en la capilla de la Adoración Perpetua, con esa energía tan especial que se respira en el interior de este Templo Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús. A veces en las convivencias uno tiene la sensación de que se ha detenido el tiempo y allí, en lo más alto de la ciudad, había días que soplaba mucho un viento que no se sabe de dónde viene ni a donde va pero parecía que por ahí andaba el Espíritu… 

 

En esta ocasión he tenido la oportunidad de estar en el lado de la organización y he podido disfrutar del trabajo en equipo y sentirme útil a pesar de andar con poca energía por mis circunstancias personales. Ha habido momentos para practicar lo de “pónganse de acuerdo” a pesar de que Peter decía que no nos podemos poner de acuerdo porque cada uno tiene una forma de servir, así que solo hace falta respeto. Cuando todo iba saliendo bien tenía la sensación de no ser yo, como si fuera una marioneta “a la orden mi capitán/capitana”, de intuir lo que es servir como instrumento.


Como en todas las convivencias siempre hay personas con las que sintonizas más que otras, pinches y compinches, espejos del alma de los que aprendo a conocerme y reconocerme y así “indagar donde está y quien es Cristo”, lo intuyo dentro de cada uno de nosotros “con una misma personalidad”.


Siento que cada convivencia me transforma en algo nuevo. Esta vez he descubierto alguna faceta en mí que no conocía. ¿Cuándo acabaré de conocerme a mí misma? ¿Dónde vamos a llegar?


Agradezco a todos los que habéis participado en este feliz encuentro y también a los que no habéis podido venir que habéis estado presentes en nuestro corazón.


Marisa




A continuación la crónica de María José:


Volvemos al Tibidabo, la 2ª edición. El nuevo equipo de gestión de la hospedería ha ayudado mucho en la organización y a mi parecer nos han hecho sentir como en casa, se configura como un nuevo enclave de la familia taichista.

Hemos alargado la estancia, 15 personas hemos podido estar la convivencia completa. Esto nos ha permitido la visita al cementerio, donde hemos hecho taichi y cantado las canciones ante el nicho de Peter, con vistas al mar por un lado y al Tibidabo y Montserrat por el otro. Agradezco que el grupo me haya acompañado a visitar a Candela, mi profe de taichi-zen, que está cerca de Peter.

También ha dado para una excursión a pie por los bosques de Collserola, terminando con taichi en una pineda y…aperitivo.

Qué gustito vernos, abrazarnos, compartir este tiempo/espacio que tanto enriquece, esta práctica de la forma y del “fondo”, con las misas, vísperas, rosarios.

Y las tertulias, que aprecio que, mejor o peor, vamos hablando cada vez más desde nuestra experiencia, sea grande o pequeña, y vamos dejando atrás el “Peter dice”. Bueno, el que habla, porque la mayoría no habíamos hecho los deberes, ¡punto a mejorar! Los que sí los habían hecho, han sido tan pulcros que ha valido por todos. Pustinia comprendida, vida enmosaicada. No soy capaz de repetir sus exposiciones, voy a hilar unas frases en la esperanza de atinar para mostrar una cata.

  • La idea base del capítulo 72 es el conocerse a sí mismo. Esto es conocer los talentos, dones de sí mismo y así poder cultivarlos para ponerlos al servicio de los demás. Esto es unión taoísmo-cristianismo.

  • El capítulo 72 es como el colofón a través de todo el tao de cómo ha de ser el gobierno, que puede ser a lo grande, de una nación, o en lo pequeño, de mi mismo. Es la relación del gobierno (dentro de cada uno, tenemos nuestro ámbito de poder, de influencia), el sabio (el que saborea, cada cual es sabio en lo que sabe disfrutar) y el pueblo (la persona). Y apunta al capítulo 80 que sería como el shangri-la, la comunidad que vive en paz y en armonía con el entorno.

  • El capítulo 72 como camino para mejorar el ecosistema y la deriva de la sociedad actual: cada uno conocerse y amarse a sí mismo, sin exhibirse ni ensalzarse, sin codicia “todo va bien, no me falta nada, tampoco me sobra, no quiero nada en particular, ¡Viva la Pepa!

En general estamos de acuerdo en la actualidad y la concordancia de este capítulo con los tiempos actuales, más evidente en alguna de las traducciones.

No diré nada de los amaneceres,… Una mañana pudimos ver Mallorca…

Y dejamos el Tibidabo esperándonos hasta nuestro próximo encuentro, 10º aniversario, fecha redonda. Es bienvenida toda sugerencia para celebrarlo como se merece, pasarlo todos lo mejor y aumentar nuestra sonrisa interior.

Gracias

Marijo





martes, marzo 14, 2023

Convivencia Donosti 2023

Adela nos reenvía el artículo sobre la convivencia en San Sebastián corregido.


Convivencia en San Sebastián, febrero 2023, Casa Puio.


Capítulo XXXIII

Este capítulo ha sido comentado, al menos, por Peter en los 100 días y por el grupo del Cenáculo de Barcelona.


  1. El que conoce a los demás es perspicaz.

  2. El que se conoce a sí mismo es sabio.

  3. El que domina a los demás es fuerte.

  4. El que se domina a si mismo posee fortaleza.

  5. El que se conforma con lo que tiene es rico.

  6. El que persevera llega lejos.

  7. Quien permanece en su lugar, vive largamente.

  8. Quien muere y no perece, goza de la auténtica longevidad.


Estructuralmente veo:

  • Por un lado: Hay dos poemas en uno, que se pueden leer independientemente y tienen sentido uno independiente del otro: 

  • Poema A: compuesto por los versos 1, 3, 5  y 7. Expresan cualidades, de uno en relación con los demás.

  • Poema B: compuesto por los versos 2, 4, 6  y 8. Expresan valores, de uno en relación consigo mismo.

  • Por otro lado: los versos forman parejas que se complementan, así 1 con 2, 3 con 4, 5 con 6 y 7 con 8.


Todos los versos hablan o de cualidades o valores deseables y a desarrollar, aunque a mí lo que me llama más la atención son los principios de cada verso:


  1. El que conoce a los DEMÁS ….Quienes son los demás para mí?: los demás son todas las criaturas que me ayudan a conocerme. Mi “yo” surge porque hay un “tu”. Es en esa relación entre tú y yo que me conozco y reconozco.

  2. El que se conoce a SI MISMO….., Quién soy yo? Soy una criatura, un grano de arena, que aspira a poner de acuerdo mis pensamientos, mis emociones, mi cuerpo y mi creatividad.


Para que se produzca 1 y 2 se requiere capacidad de observación sin juicio, con humildad. La mirada debe ser con cariñito.


  1. El que DOMINA a los demás….., el que domina conoce a los demás y a sí mismo, por eso puede vencerlos, bien por la fuerza bruta, por la lógica de sus razonamientos (convence) o por su actitud (da ejemplo). Sea como fuere a los demás les lleva a obedecer por sometimiento o convencimiento.

  2. El que SE DOMINA….., dominarse no es reprimirse. Se puede dominar porque es congruente, compasivo, paciente consigo mismo. Es capaz de vivir las dificultades y disgustos sin hundirse o desesperarse. Aprovecha la enseñanza de la situación. Tiene punto fijo. Peter dijo el hombre con punto fijo vence al cielo, es decir sigue los mandatos del Tao. Vive su vida con sinceridad.


Para que se den 3 y 4 se requiere tiempo, paciencia y capacidad de aprendizaje.


  1. El que se CONFORMA…, Peter decía que conformidad + conformidad = felicidad. El que se conforma sabe de sus necesidades reales. Tiene una ética que sigue.

  2. El que PERSEVERA: Esta persona ha encontrado su camino y lo sigue. Confía aunque no sepa donde le va a llevar ese camino. Tiene un propósito.


  1. PERMANECE EN SU LUGAR: Ha encontrado su sitio en el mosaico de la vida. Hace y no se cansa, reconoce que cada día tiene sus afanes pero no se altera.


  1. MUERE Y NO PERECE: No perece porque es recordado o porque se siente su presencia en nuestra vida.





También veo una relación entre los versos y los 5 principios para vivir bien, principios 1. Higiene mental y corporal: hay que desprenderse de malos pensamientos y huesitos amargos para poder conocer y conocerse, 2: Tranquilidad interior y exterior: solo si el agua del lago está tranquila, se puede ver su fondo entonces podemos ver y vernos, 3. Relax de cabeza a pies: vivir confiado, entonces surge el  4. Movimiento íntegro: guiado por el corazón, y 5. Punto fijo: en realidad todos los versos nos dan pistas sobre el punto fijo.

 

Ahora que he terminado este comentario, percibo el poema como una escalera, de 1 se pasa a 2, de 2 a 3, y así sucesivamente hasta llegar al peldaño 8. Cada peldaño es más completo y difícil de lograr, la puerta es cada vez más estrecha.

Sin humildad no se puede subir ningún peldaño.



Resumiendo: Conocerse a uno mismo y llegar a nuestro auténtico ser es un camino continúo, que requiere constancia y paciencia.

La diferencia de pensamientos da libertad de creencias y es en ese respeto de las diferencias donde nace la convivencia.


En esta convivencia he comprendido lo siguiente:

Un kung-fu no es un capricho, se hace por obligación. Al ser una “no acción” significa que se realiza sin elección, sin comparación, sin justificación, sin motivación, como narra el cuento del adolescente y el monje (ver cuentos Peter en www.taichizen.es/).

Y he aprendido que se atiende con los ojos, se entiende con el oído, se aprende con el cerebro y el cuerpo, y se comprende con el corazón.


miércoles, febrero 22, 2023

La Columna Vertical

 Texto de Guillermo

La columna vertical



Guillermo M. Lago Núñez



En el libro de la taichista Yolanda Padilla1 se recoge que lo que más le llamó la atención a su autora cuando conoció a Peter Yang fue su verticalidad. Este rasgo es uno de los más definitorios de los grandes maestros de Tai chi. A mí también me impresiona. Resulta fascinante contemplar la integridad en la postura tanto en él como en Chen Mang Ching o en otros grandes maestros.

De los tres elementos fundamentales del Tai Chi: Forma, Energía y Espíritu, el primero, con ser el menos relevante, es clave para adentrarte en los otros dos. Y en la Forma el primer punto importante, de los diez que estableció el fundador de la escuela que seguimos, Yang Cheng Fu, es “tener sujeta del cielo la corona de la cabeza”. Así se produce la alineación de la espalda y con ello el adecuado posicionamiento de los cartílagos, tendones y huesos durante la ejecución de la secuencia.

Se trata de una elegante verticalidad “entre el cielo y la tierra”, es más que un estiramiento, un alargamiento del cuerpo que se mantiene en quietud durante los ochenta movimientos, aunque en parte de la “aguja en el fondo del mar” o en “azote simple, arrastra abajo” o en otros, la atracción de la tierra provoque la inclinación del cuerpo, como la de un junco con tendencia a recuperarse por sí solo, y en otros, como “las manos ondulan como las nubes” o “llevar el tigre a la montaña” se produce un giro vertical sobre el propio eje de la columna que mantiene su verticalidad.

Entre los practicantes occidentales ésta postura es lo que más cuesta definir, y ello ya que, cuando se doblan las piernas para sentarse en el aire, posición que se mantiene durante toda la secuencia, el cuerpo tiende a inclinarse hacia adelante, y desplaza la espalda en un falso contrapeso; en realidad conforme más se abaja uno más necesario es mantener esa rectitud de la columna sujeta de un hilo desde el cielo (aunque no como una marioneta) para hundirte perpendicularmente hacia la tierra y lograr neutralizar la fuerza de la gravedad. De hecho se mantiene y recupera el equilibrio -de forma anti intuitiva, en esto la experiencia te invita a desaprender- tirando del hilo desde el cielo.

En Occidente andamos con el punto de gravedad muy alto, tal vez porque los habitantes del hemisferio norte creamos ser superiores al resto, no nos damos cuenta que estamos curvados hacia adelante, andamos con pasos largos como si fuéramos a arrancar a correr, con miedo. Esto va provocando tensión a la altura de la espalda, e impide que los hombros caigan relajadamente, por el contrario, nos sujetamos en ellos y por eso cuesta tanto ver el movimiento redondeado y espiral.

Otra razón de esta inclinación se debe a la cabeza, se suele mirar hacia abajo, como si leyéramos o viéramos el móvil (solemos ir pensando) con lo que de nuevo nos inclinamos hacia adelante. Y ya no digamos cuando estamos sentados en sofás o sillones en donde nos reclinamos hacia atrás, en lugar de rectos como se sientan los niños pequeños cuando están en el suelo.

La columna tiene dos puntos críticos: las cervicales y las lumbares. Por estas dos zonas el río o corriente energético que circula por el cuerpo confluye en estrechamientos que provocan, o bien un estancamiento (lo que dificulta su marcha), o rápidos (que la precipitan); hay que trabajar estos puntos y dejar que la corriente se oriente por sí sola, los atraviese y supere.

Para permitir el paso de la energía por las cervicales el cuello ha de estar alargado y ligero, si se mantiene el hilo de sujeción con el cielo desde la cabeza esta sensación se puede percibir como timón de la columna. En cuanto al paso por las lumbares depende de bajar el punto de gravedad hasta el suelo, como hacia la mitad de la distancia de los dos pies, alineando el tan tien y la nariz, dejando que los testículos u ovarios cuelguen libremente.

Cuando tienes la corona de la cabeza sujeta del cielo y los pies bien arraigados en la tierra desarrollas la autopercepción, te contemplas a tí mismo en el espacio y te integras con compasión, amabilidad y ternura en él.

La verticalidad de la columna representa el equilibrio. El Equilibrio en la verticalidad y la armonía en la horizontalidad. Vertical y horizontal son complementarios, caras de la misma moneda. La imagen del equilibrista está marcada por la pértiga. La verticalidad se reconoce en la mirada en el horizonte. No hay verticalidad sin la contemplación de la línea que separa la tierra y el cielo, el cielo y el mar.

1. Un solo movimiento. Peter Yang, un taoísta cristiano. Yolanda Padilla Rangel. Editorial Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2021)



lunes, septiembre 05, 2022

No Amar Amando

 Por causalidad el tema de la convivencia de San Sebastián de 2022 ha sido el capítulo X del TTK. Se trata de uno de los capítulos más comentados por Peter Yang en sus tertulias, también hay referencias al mismo en las publicaciones Chi kung cristiano y Disfrutar los disgustos con mucho gusto.


Quizás, el motivo por el cual este tema fuera tratado sea por ser uno de los pocos en los que se trata el amor en el TTK, de hecho, en la versión de Javier Cruz se titula Abrazar la vida a través del amor, el amor aquí entendido como unidad, unidad que, entre Dios y el hombre, únicamente es concebida en el cristianismo por el amor. 


En las diversas reuniones que hemos tenido durante esta semana de julio se pudo ir entrelazando los comentarios y frases que sobre este capítulo se recordaban (y que se relacionan especialmente con las siete oportunidades únicas: vívela, respirar natural, no ensuciar, espíritu de servicio, dar luz, no tener malos pensamientos y comunión), con las ideas y experiencias que en relación con este texto expuso cada cual.


De entrada se trata de un capítulo que habla de la no acción, del wu wei, categoría casi ininteligible para un occidental, y que prefiero contemplar en su fase anterior, la de detenerse que en el TTK  (XLIV) se propone para evitar riesgos y perdurar largamente. Autodetener, autorretener, pararte. De hecho, se discutió sobre la velocidad del tai chi y como éste se va ralentizando con la práctica, al punto de que, en su ejecución, te podrías parar en cualquier momento y quedarte en posición estática sin perder estabilidad, como chi kung, concienciando así la belleza de la quietud del movimiento.


Por otro lado, todos los aspectos del capítulo X nos dirigen a aspectos yin (la ternura de un niño recién nacido, el cierre de orificios en la hembra, la posición pasiva del gobernante, el cultivo, la no posesión, el no almacenar o dominar). En lugar de incidir aún más en la creatividad, te invita a refugiarte en la receptividad, que es donde se acoge el aliento vital, algo que en el cualquier contexto es esencial. 


Todo lo que cada uno va viviendo  tiene resonancias con este capítulo. Así por ejemplo la lectura del Evangelio con el episodio de Marta y María que se produjo en esos días, en lugar de interpretarse con visiones profundas o interpretaciones abstrusas se consideró una simple anécdota del Jesús humano que muestra su sentido de humor (“Marta, Marta, María ha escogido la mejor parte”) que nos enseña a resolver de manera espontánea y muy simpática una discusión entre hermanos; con esa fórmula los apóstoles realizarían los trabajos necesarios para que Marta no se perdiera tampoco lo mejor, lo que cual no hizo falta añadir.


Pues bien, ¿cómo hablar del amor en un contexto de no acción?, obviamente no amando. Tras un paseo nocturno nos reímos con el oxímoron: “No amar amando”, el que es realmente amado no sabe que le aman ni lo siente, es la imagen del bebé que se queda dormido mamando, tiene plena confianza, algo que resulta más taoísta que “el amar no amando” (ese falso te amo, “te estimo como un timo”) que vemos frecuentemente en los comportamientos de la sociedad actual, en la que precisamente se siente por que se carece. De ahí se discutió si, a lo que el hombre realmente tiene miedo es a la verdad o, como algunos creemos, a no sentirse amado, a verse excluido y apartado por los demás.



La convivencia nos dio la oportunidad de compartir el tai chi al menos en dos ocasiones con personas que nunca antes lo habían practicado, lo cual a mí me enseña mucho. También la de realizar varias excursiones en grupo que cada cual pudo o no relacionar con el capítulo X, y de las que cabe destacar cuatro momentos:


La visita a la exposición “Diálogo de dos escultores, Oteiza-Chillida”. Este recorrido por San Telmo confirma que el arte de la escultura, el lenguaje más lento de todos, no está en las piezas, sino en el propio hombre. Llamó la atención la similitud de dos artistas que consideramos de diferente espiritualidad e incluso opuestos, al punto de que en algunas salas era difícil determinar de quién de los dos eran las piezas.  Y allí, en la cripta de la Iglesia, Marisol improvisó una brevísima canción con la que paró el tiempo.


Otro día visitamos un jardín, el Garden Lur, palabra que significa tierra (más yin), organizado en torno a una geometría ovalada en cinco espacios que de tan natural parecían mágicos, nos lo explicó su autor, a quien se podía reconocer en aquella mañana lluviosa como un fiel al tao.


En la Iglesia del Iesu hicimos respiraciones en la sala de meditación que permite poner la órbita en el cielo. Nacho conoce muy bien todo su espacio y sus detalles, aunque lo explicó como si de él nada supiera (otra vez capítulo X), con lo que descubría que en su interior hay una verdad secreta, lo que se podía sentir cuando después hicimos el tai chi en el parque exterior.


Y por último la visita a la Isla (de Santa Clara), en donde no vimos funcionando la instalación Hondalea de Cristina Iglesias, aunque se reveló que en el abismo (más yin) de esa zona rodeada de espuma y mar, plena de energía chi, es donde se encuentra físicamente el cordón que une la concha con la perla (en el microcosmos el tan tien).


Muchas gracias, la verdad es que ha sido un placer convivir estos días en Casa Puio, y en especial a Pilar Moradillo y Chema, a la madre de Edurne y María José, y, a los taichistas del País Vasco, Eskerrik asko.

Guillermo M. Lago Núñez

miércoles, julio 06, 2022

CONVIVENCIA DE BURGOS 2022: "PERFUME DE AMOR

 Convivencia Burgos 2022

«Perfume de amor»

Esta convivencia para mi fue redonda, circular empezó y acabo de la misma forma.

Al llegar a la residencia de los Maristas de Miraflores, después de haber estado paseando y tomando algo por el centro de Burgos y en plena ola de calor, nos dirigimos unos cuantos a completas al Monasterio de San Pedro de Cardeña, muy bien acabar así el primer día.



Al día siguiente habíamos quedado unos cuantos para asistir a laudes y misa en una capilla mas pequeña en el mismo monasterio. Este día Viernes nos quedamos en la casa de los maristas cumpliendo el orden del día y buscando los lugares mas frescos pues la ola de calor continuaba, las camaradas de Burgos no recordaban una temperatura tan alta sobre todo por la noche que la temperatura no bajaba.

El sábado aparte de el orden del día hicimos una pequeña excursión por el rio Arlanzón, luego por la noche visita guiada a la magnifica Catedral de Burgos, una visita guiada diferente con luces y efectos de sonido para explicar la historia y algunos detalles artísticos y arquitectónicos, al final se les va un poco la mano con las luces y la música, pero lo hace mas entretenido a las personas que no tienen interés en poner los pies en una iglesia.

Justamente uno de los temas que tocamos fue el de los cambios que se avecinan en las iglesias y monasterios debido a la falta de vocaciones y menor asistencia de feligreses, una nueva etapa se presenta y nosotros con el Tai-Chi Zen Cristiano quizás podamos aportar algo.

Como siempre en la convivencia hubo de todo: felicidad-enfado, tristeza-alegría pero también estuvimos comentando que desde el punto fijo y el perfume de amor se supera mucho mejor.

El domingo tuvimos la misa en la Cartuja de Miraflores con el magnifico retablo mayor de Gil de Siloe, después de una misa muy austera y silenciosa, pudimos visitar con detalle la iglesia y las obras de arte que hay en ella.

Esa misma tarde tuvimos las primeras despedidas, unos cuantos nos quedamos hasta el lunes y fuimos a vísperas, después fuimos a cenar unos platos típicos en el mesón el Carrascal.

A la mañana siguiente volvemos a San Pedro de Cardeña a Laudes y Misa, nos preguntamos si la próxima convivencia la realizaremos aquí, Dios dirá.

Carmen volvió a encargarse de acompañarnos por las calles de Burgos, esta vez a Marisa y a mí y nos hizo una visita turística súper interesante por la ciudad con visitas ademas a el retablo mayor de San Nicolas y la iglesia de San Gil, a propuesta de Chiqui. 

Gracias por vuestras atenciones Taichistas de Burgos, Caita, Dorita, Mª José, Carmen, Chiqui sois el ejemplo del perfume de amor, con cariñito familiar.

Ricard

PD:. La morcilla buenísima!!!


miércoles, junio 08, 2022

La Caricia que Somos

Después de un tiempo volvemos con esta entrada que nos envía Guillermo Lago de una convivencia en Almería. 


La caricia que somos

Guillermo M. Lago Núñez

Entre las cinco sensateces (seguir, sentir, hacer, amar y sonreír) destaco la del sentir. Es la que más nos acerca al cuerpo y aunque se suela asociar en las lenguas romances al oído, está por extensión conectado con las sensaciones que se perciben con cada uno de los otros cuatro sentidos (o los cinco a la vez). El origen del término sentir, etimológicamente, es tomar una dirección, un camino, tras haberse orientado por los sentidos.

Pues bien, en el Tai chi nos solemos referir al olfato (olfatear la peste de odio), al gusto (saborear los disgustos), a la vista (mirada patrullera), al oído (escuchar el corazón), y apenas decimos nada del tacto siendo el que precisamente percibe la sensación del fresquito/calorcito, no solo al espirar e inspirar el aire sino por todos los poros de la piel, gracias a él, notamos el contacto directo con el suelo, ni más ni menos que con la Tierra.

Por su parte el Tao Te Ching al menos en las versiones con las que contamos, trata este sentido con respeto frente a la confusión que pueden generar los otros que ciegan, ensordecen o embotan al hombre (cap.XV).

El tacto se ha definido en Occidente como el sentido de la proximidad, del ser-con (Heidegger), de hecho, se le relaciona con el cerebro social, con la inteligencia sentimental. Es con quien exploramos el mundo inmediato, lo que nos rodea, y nos dejamos rodear y explorar con él. Es el primer sentido que desarrollamos cuando el cuerpo se forma en el útero materno y con el que sentiremos las primeras experiencias tras dar a luz; la forma de ser tiene mucho que ver con las caricias que hemos recibido y dado; la humanidad ha sobrevivido cientos de miles de años apretados en las noches de invierno, cuerpo con cuerpo, dándose calor. También está asociado en el cristianismo (el tocar y rozar) con los milagros, y en la medicina con la curación.

El tacto en este mundo digital, es el sentido olvidado. Resulta paradójico que, por primera vez en la historia, con ocasión de la reciente pandemia y para supuestamente protegernos, nos hayan prohibido usarlo; ese distanciamiento social, de relaciones, de contactos sin contactos, de conversaciones distantes a través de la pantalla en el que a todas horas estamos inmersos, se ha convertido en la peor enfermedad de la humanidad, frente a la cual es el único terapeuta.

Aún hay algo que nos impide ver (u oler, escuchar, o gustar) desde adentro. Solo hay un sentido que unifica trascendiendo lo interior y exterior, el objeto y el sujeto, que evita la separación y permite conocernos y reconocernos mutuamente: el tacto. Es famosa la expresión de Lucrecio quien indicó que, de todas las realidades, el cuerpo es la única que puede tocar y ser tocada: tangere enim et tangi, nisi corpus, nulla potest res.

Con estas “dobles sensaciones” que se producen en el tacto contamos con la primera noticia de nosotros como un ser, un algo propio: tenemos un cuerpo y somos un cuerpo a la vez. Son los actos de tocar, de acariciar, los que nos dan y conforman la propia corporeidad, integrándonos en el origen y más adelante después en unidad afectiva, al punto de llegar, utilizando una expresión hebrea, a ser una sola carne, o en la más bella de nuestro Juan de la Cruz, estar como amado en el amante.

En mi perduran algunas sensaciones que me ha dado cada cual, al dar la mano, una caricia, un beso o un abrazo, quizás también las mías perduren en alguien más, en estos recuerdos no solo hay un reconocimiento del calor o la energía personal en aquel momento, también la transmisión de algo inefable, de algo espiritual. Por eso me parece que el sentido del tacto, a diferencia de los otros sentidos, se comunica antes con el corazón que con el cerebro.

La mano o los dedos se nos han presentado como la localización fundamental del receptor táctil cuando en realidad está aún más en los pies (que también aislamos bajo la falsa idea de protegerlos), y en todas las partes del cuerpo y no solo en el tejido de la piel, también en las articulaciones y los músculos, en las terminaciones nerviosas. El tacto en su inmediatez de tocar o ser tocado es el sentido del presente.

Y es lo que determina la calidad y suavidad del movimiento del Tai chi, su elegancia, de hecho, varios movimientos están relacionados directamente con la acción del mismo (acariciar la cola del pájaro, las manos aguantan el cielo, las manos ondulan como las nubes) y toda la secuencia de giros y pasos depende de él al iniciarse el empuje del movimiento en la planta del pie.

Por eso podemos considerar al tacto como el sentido taoísta por excelencia, el que nos hizo en el fluido amniótico sentir la vida a partir del primer movimiento, hacia afuera y al mismo tiempo hacia dentro, hasta lograr el equilibrio interior; es el que pasivamente nos educa para convivir, compartir, y estar en armonía con el exterior.



lunes, diciembre 13, 2021

 

El sacro, entre el cielo y la tierra

Guillermo M. Lago Núñez


El cultivo o arte de la paciencia, con ser siempre importante resulta imprescindible cuando te enfrentas al aprendizaje de una materia o actividad compleja, como por ejemplo el tai chi. Conocer los ochenta movimientos de la tabla que practicamos y desarrollarlos de forma fluida, como la ejecutaba el maestro Peter Yang, se me representó desde el principio una tarea casi imposible más allá del conocimiento de su coreografía, la dirección de cada movimiento o giro, la ejecución de la serie.


Tras casi cuarenta años de repetición –repetición cada día– apenas he llegado a vislumbrar algo más de lo que fue la luminosa primera vez que seguí sus pasos. Es cierto que durante estos años he ido progresando en cuanto a la concienciación del movimiento, el aprecio de las sensaciones, la novedad de lo cotidiano; también se ha ido modificando la postura, las preferencias por determinados movimientos o la unión entre diferentes secuencias, sin lugar a dudas es más que un ejercicio que te transforma.

Entonces ¿en dónde estoy en estos momentos? Se me antoja que aún no he empezado, y desde este preludio, sin que pueda indicar qué es o estoy haciendo cada día, sí me gustaría ir compartiendo algunas de las cuestiones que en estos momentos se me plantean y procuro resolver siguiendo el viaje del movimiento.


Durante algún tiempo, dada la relevancia que tiene el equilibrio, estuve pendiente del arraigo a la tierra, sentir la planta de los pies como si fueran las de los patos, abiertas y planas, cercanas a la rugosidad del suelo para desde allí sujetarme a unas no tan imaginarias cuerdas gravitatorias procedentes del centro de la tierra que te atraen, de forma que ya fuera en un porcentaje de cada planta, o en una sola, me permitiera mantener el equilibrio. Estas cuerdas tiran fuertemente hacia abajo y desde los pies sujetan bien las piernas con lo cual las rodillas se abajan acercándose al suelo, de lo que resulta una singular energía positiva que penetra por las extremidades inferiores del cuerpo.


Por otro lado junto a esta atracción hacia la tierra, al igual que ocurre con el crecimiento de los árboles y plantas, se producía un agarre ascendente, desde la crisma de la cabeza hacia el cielo, estás sujeto a un hilo invisible (de seda) que tira desde arriba de forma que te libera de peso y hace que la espalda se mantenga recta, estirada en todo lo largo, colocándote como un bailarín en una elegante configuración espacial.

En esta combinación vertical de tierra y cielo confluye una tensión elástica de fuerzas contrapuestas, por un lado el hilo que te tira para arriba y permite que hagas un movimiento casi ingrávido, por otro la cuerda que te arrastra hacia el suelo y te imanta a la tierra, ambas fuerzas se encuentran en el cuerpo, que se envuelve en el movimiento, en una encrucijada.

Es precisamente en este momento cuando descubres la pelvis, como bisagra o cortafuegos de la dualidad. Al dirigir la atención hacia la cavidad de la pelvis, con todos sus vericuetos, y sentir la maravillosa sujeción que efectúa de la columna vertebral –poniendo de manifiesto que el cuerpo no se sostiene, sino que se sustenta– se produce una alineación que nos va a permitir la definitiva integración del movimiento en la postura humana.

En alguna ocasión me pareció que la pelvis era el volante del movimiento. Ahora no lo veo así, la pelvis es meramente instrumental, es una tabla de salvación, pero tabla; en realidad son las piernas, y antes que ella la presión que realiza cada pie en el suelo (de ahí lo cuidadoso de su posición), la que dirige gracias a los tendones y ligamentos su estructura ósea, pero sin esa tabla no se sitúa la columna sobre las piernas y por tanto no se sigue el movimiento.


Actúa así la pelvis como una plataforma que nivela en la horizontalidad la columna vertebral y la libera de los cambios que se producen como consecuencia del movimiento armonioso (que semeja al del mar, al del agua) de las extremidades. Es curioso que en ella radique el movimiento puro, sin tiempo y sin espacio, de la cosa misma, el movimiento/quietud, el movimiento como estado.


Se contrarresta así la tensión que se genera desde el hilo del cielo sin para ello usar fuerza alguna, le basta con ajustar la posición de la cadera (ni muy adelante ni muy atrás o a un lado u otro o en diagonal), evitando que se eleve el cuerpo más o menos de lo necesario o se incline en exceso la espalda. Está en un mar de confluencias entre energías opuestas ya que, aunque la que proviene desde la tierra en ningún momento rebasa su límite (que se exterioriza en determinadas partes como los brazos e incluso el cráneo), es el lugar en el que justamente confluye con la del cielo, por lo que es donde se regresa hacia el ser propio del hombre.


Y es precisamente al experimentar la posición de la pelvis cuando empiezas a relacionarlo todo. De entrada la propia cadera con los hombros, con los que se mueven al unísono –como los ojos y el ombligo–, más adelante las rodillas con los codos, las muñecas con los tobillos, las manos con los pies, el coxis con la cervical, la continuidad de las piernas en el tronco, el de un movimiento íntegro (simultáneo: todo a la vez) que te expande, en definitiva te sitúas entre la balanza y la rueda, en el ser de un estar.


De este juego de resonancias que se registran en la concienciación de la pelvis no es tampoco ajeno el tan tien, del que es también escudo trasero, y que está como una perla sujeto al escroto (con el contrapeso de los testículos u ovarios), la pelvis da el cobijo de un sillón a este centro de todo y del que todo es centro.


Cuando me refiero a la pelvis recuerdo la importancia que daba el maestro al movimiento del culo y particularmente su referencia al sacro –que es quien nivela y estabiliza la pelvis, lo que definitivamente debemos identificar– tanto por su ubicación como por su nombre. Así que en la pelvis, es el sacro, lo sagrado, lo que alinea el cielo y tierra y los pone en relación.


¡Qué maravilla! situar al hombre (lo primero que se esconde) entre el cielo y la tierra, junto a las diez mil cosas. Y, en medio del hombre, la pelvis —el sacro— sin hacer nada (también escondido), solo sustentándonos ahí. En ese centro sagrado es donde, cuando durante la aurora continúo los pasos de una senda que no atraviesa ni rodea ningún territorio, está ahora mi atención amorosa.